Hoy, Margui y yo viajamos a Sevilla. ¡No sé quién está más emocionada de ir a casa, Margui o yo! Y digo "casa" porque así lo siento. Habrá quién dirá "tu casa esta donde vives". Pero para mí, mi casa es donde están mis raíces, y entonces pienso en uno de esos olivos viejísimos que hay en el campo de mi abuela, en el camino que baja al arroyo, con su tronco retorcido y lleno de rugosidades, las ramas frondosas con tantísimas ojitas verdes y aceitunas gordales colgando, y unas poderosas raíces que se agarran a la tierra que desde hace muchísimas décadas lo aguantan. No es que me sienta un olivo, porque más bien soy como el baúl de la Piquer con tanto trajín, pero si tengo unas raíces fuertes que me mantienen atada a mi tierra y a mi cultura. Lo más increíble es que este profundo orgullo sureño empecé a desarrollarlo cuando vivía en el centro de Sevilla. Tuve que esperar a tener 30 años para descubrir lo maravillosa que es mi ciudad. Fue entonces cuando aprendí a respirar Sevilla, a disfrutar de la luz de la mañana, a prestar atención a los miles de detalles que se exponen por todas partes pero que casi siempre pasan desapercibidos porque nos volvemos ciegos para estas nimiedades, a escuchar conversaciones como si fuera música celestial porque en mi tierra tenemos un modo de hablar que es único... Los domingos por la mañana me sentaba en la fuente de la Catedral, con mis periódicos, mi cartucho de papas fritas y una cocacola, y miraba a la gente pasar, me arrebujaba bajo el calorcito del sol y disfrutaba de mi suerte. Las noches de verano, me cogía un bocadillo y una botellita pequeña de vino, una vela y mi libro, y me iba a sentar a la Plaza de Doña Elvira, mi lugar favorito, a embriagarme con el olor de los naranjos y el sonido de la fuente, y ha sentirme absolutamente afortunada por poder estar en un lugar tan especial. Y tantas cosas más... los patios de las casas, los repujados de los balcones, los azulejos, la piedra tallada, los geranios, los caballos... el sol, el aire caliente, el albero... las voces de los camareros cantando las tapas, el brillo de la cerveza recien tirada, el olor del bacalao en adobo... los puestos de los belenes, el olor de las castañas y los "paludu", las luces de Navidad y los Belenes (porque por fortuna en Sevilla aún se respira la Navidad tradicional), y la gente cantando aquí y allí... El río omnipotente, el parque Maria Luisa con el monte Gurugú, el Alcazar y sus jardines, que para Margui son el palacio de la pincesa (claro, como tiene que ser)... Sevilla tiene embrujo, y si no me creéis podeis pasear por mis fotos y ya me direis.
Era verano y me acababa de comprometer con Harold. Nos casaríamos en diciembre y viviríamos en Chicago a menos que surgiera otra posibilidad (aún no sabíamos que vendríamos a Leiden). Estaba sentada en un bar de mi barrio, tomando una tostada con manteca colorá y unos de esos cafés con leche que están tan fuerte que provocan un repelús. De repente la realidad de mi futuro cayó sobre mí como si me dieran un bofetón para espabilarme, y no pude evitar ponerme a llorar. Estaba feliz por el nuevo rumbo de mi vida, pero me partía el corazón ser absolutamente consciente que esa era probablemente la última vez que disfrutaría de un desayuno en mi barrio y todo lo demás... Y recuerdo que me comí esa tostada muy despacio, para alargar el momento, para que me diera tiempo a absorber todo aquello que quería llevarme conmigo y que me ayudara a recordar de donde venía... No exagero: fue duro pasar página, sabiendo que nunca más volvería a vivir en Sevilla (a menos me que toque la lotería y 1) tenga mi propia casa, 2) pueda pagarme tantos vuelos como quiera y 3) no me asfixie Hacienda con los impuestos). Fue difícil decir adios a mi ciudad y, por supuesto, a mi familia y gente.
Y de ahí que tenga ese orgullo sureño tan exaltado que decía antes. Me gusta ser del Sur, del Atlántico, del olivo, el azahar y la jara, del calor de 40º y del sol brillante en un cielo limpio, de las risas, la jerga y la pasión en el hablar, los cantes espontáneos en las esquinas, el olor del jamón y del pescaito frito, la armónica que anuncia al afilador... ¡Soy de pura cepa del Sur y me encanta alardear de ello!
Y qué mejor motivo para volver a casa que por la llegada de un nuevo miembro a la familia: Valentina. Mis hermanos, Jaime y Laura, están listos para recibir a su nueva hija y nosotras no queremos perdernos el acontecimiento. Hace ya 3 años que no tenemos un bebe en la familia así que esta niña nos renueva a todos porque nos devuelve, o nos reactiva, la ilusión y la felicidad que probablemente tenemos un poco adormilada por la rutina de la vida. Valentina... es un nombre precioso... y ella va a ser una niña hermosa, valiente, saludable, inteligente, generosa... Y con la emoción, llevo unos meses guardando todo tutorial que encuentro por internet para hacerle cositas. Claro, como ocurre siempre, me pueden más las ganas que el tiempo real que tengo... pero no importa porque se lo hago poco a poco. Por lo pronto, le llevo un saquito para que esté calentita, con una tela que me gusta muchísimo y que compré en el mercado de los sábados de mi pueblo:
También le he hecho una mantita de crochet, como hice también con su hermano Pedro y con mi jamoncilla. Estos granny squares son muy fáciles y rápidos.
Para rematar, como siempre, una receta rica, rápida y fácil:
GALLETAS DE NUTELLA Y ALMENDRAS
Hay un website maravilloso, They Draw and Cook, donde la gente tiene que mandar sus recetas de forma ilustrada. Y ahí encontré estas galletas de Stella Lee, de Nueva York:
- Precalentar el horno a 180º
- Mezclar en un bol:
1 1/2 taza de harina
1/2 cucharadita de levadura Royal
1/2 cucharadita de bicarbonato
1/4 cucharadita de sal
- Mezclar en otro bol:
1 huevo
1 huevo
1/2 taza (110gr) de mantequilla
1/2 taza de azucar
1/2 taza de nutella (yo puse medio bote pequeño sin más complicaciones)
1 cucharadita de miel
- Una vez bien mezclado, añadir la mezcla de la harina.
- Por último, añadir pepitas de chocolate y almendras fileteadas.
- Poner pegotitos (yo uso una cuchara de hacer bolas de helado pequeña para que me salgan todas iguales) en la bandeja, que ha sido forrada con papel de hornear, y separados un poco para que tengan espacio para crecer en el horno.
- Hornear unos 10 minutos, o hasta que los bordecitos empieces a tomar color. Sacar entonces y dejar reposar en la misma bandeja unos 5 minutos. Pasar luego a la rejilla para que se enfríen del todo.










Disfruta de nuestra tierra y gracias por la receta, intentare probarla con un tarro de nutela olvidado en mi despensa. Besos.
ResponderEliminar¡Eres grande, tía! Y nunca mejor dicho lo de tía.
ResponderEliminarNena, hasta yo tengo nostalgia de Sevilla....solo de leerte! (pq he estado una vez unicamente)
ResponderEliminarY q cosas mas bonitas haces, madre! siempre me sorprendo de verlas...
Un beso,
Bienvenida a casa!!
ResponderEliminarEres genial compi, espero verte por Sevilla en la que tengo la suerte de vivir y me dió cuenta de ello.....esta noche le voy ha hacer a mis niños las arañas de salchichas.Va a ser una sorpresa, ya te contaré.Besitos y que tú nueva sobrinita venga cargada de alegría para todos vosotros.
ResponderEliminarHola, soy tu AMIGO INVISIBLE... hay alguien en casa para recibirme???? Tengo que llegar hoy o el lunes. Espero no quedarme en la puerta después de un viaje tan largo.
ResponderEliminarUn abrazo
Tu AIG
Marga te entiendo perfectamente yo no podria vivir lejos de nuestra ciudad me embruja su color sus calles su gente todo de ella aunque me encanta viajar y disfruto de cada lugar que visitopero cuando vuelvo a casa siento una alegria inmensa asi que bienvenida a casa disfruta todo lo que puedas y que tu sobrina venga con un pan debajo del brazo como decimos por aqui
ResponderEliminarMarga...¡¡¡por fin he cogido las receta!!! De paso tb he pillado la de los rollitos de canela...me vuelve loca la canela. Ya te contaré. Besitos
ResponderEliminarHola Marga, no te conozco pero he dado con tu blog(que me encanta)a través de artesanio(yo tengo uno parecido pero versión americana http://www.etsy.com/shop/anitasmile) y tan solo leyendo así por encima transmites una buena energía increíble!!! yo también he vivido fuera algún tiempo por eso te entiendo perfectamente, te deseo lo mejor de lo mejor!
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