lunes, 13 de septiembre de 2010

Fray Leopoldo de Alpandeire

     Ayer por la mañana leía los periódicos digitales mientras me iba indignando y cabreando con las noticias, como ya es costumbre. La verdad es que todo, todo lo que leo es malo, triste, grotesco, y sólo de higo a breva encuentro una noticia buena, agradable, que me haga sentir bien... Al final lo único que me queda es una desazón grande y tristeza ante la locura y sinsetido de este mundo que, por desgracia, heredará mi hija probablemente mucho peor. 
     ¿Alguien me puede decir cómo es posible que la locura nos esté dominando? ¿Es que ya no queda buena voluntad en el mundo? Me da pavor sólo imaginar que la ficción que vemos en las películas catastrofistas esté a la vuelta de la esquina y no seamos capaces de verlo.
     Ayer hubo un acontecimiento maravilloso del que, por supuesto, no hay rastro en los periódicos: la beatificación de Fray Leopoldo de Alpandeire.
     ¡No, no os pongáis nerviosos que este post no es un ramalazo ultrareligioso! Mi tesis doctoral era sobre religión egipcia, y mi marido se dedica a eso también. Si algo aprendí de mis estudios y de Harold es que la religion es la fuente de poder más grande, para lo bueno y para lo malo. Vivimos en unos tiempos dónde la esencia de la religión se ha corrompido y adulterado, la fe pura y dura está manchada por todos esos escándalos sucios y podridos que leemos cada día en las noticias. Y esto, por desgracia, es ya la tónica general en cualquier religión: los curas católicos violadores y pederastas, los imanes musulmanes proclamando una sharia brutal y manipulada, los pastores evangelistas autoproclamándose justicieros divinos... Claro que habrá quién diga que estos son sólo unos pocos entre millones. De acuerdo, sólo unos pocos pero visibles, muy visibles, tanto que anulan y ensucian la bondad de muchos.
     Lo que voy a contar es muy personal, muy mio. Es un recuerdo que atesoro en mi corazón. Y lo quiero compartir porque es un testimonio de que la bondad existe, que la fe mueve montañas, que hay personas buenas que siguen amando desinteresadamente después de la muerte. Y todo esto tiene que ver con ese acontecimiento maravilloso que tuvo lugar ayer y del que no hay trazos en los periódicos.

     Corría el año 1985. Mi madre tenía 39 años y estaba en la flor de la vida cuando le tocó la lotería del cancer, una leucemia muy mala. Al principio, mama estuvo ingresada en el Hospital Universitario de Sevilla, prácticamente incomunicada porque además tenía una anemia de caballos. Nosotros no entendíamos qué ocurría ni porqué nuestra madre no estaba en casa a la vuelta del cole. Mi padre prácticamente vivía con ella en el hospital, venía a casa a cambiarse, nos daba un beso y volvía a marcharse. Nosotros quedamos al cuidado de la tata Rosa, de la tia Mª Paz y la abuela. Yo encontraba consuelo rezando mucho y yendo a la iglesia todos los días -paradójicamente, la comunidad de la parroquia, esos niñatos engreídos que se creían los mejores samaritanos, acabaron por "rechazarme" al no poder seguir su camino, pero esa es otra historia. Un día fui a estudiar a casa de mi amiga Águeda, que vivía en el bloque de enfrente. Cuando me marchaba a casa, su madre me preguntó como estaba mamá y le dije que seguía hospitalizada. Entonces me dio una estampita de Fray Leopoldo y me dijo que le rezara mucho y que ya vería como mama volvía pronto. Bajándo por el ascensor, miré la cara de bondad de este fraile y leí la oración, le pedí con todo mi corazón por mama y le dije cuánto me gustaría que ella estuviera en casa esa noche; lo pedí fervientemente, aunque sabía que era imposible que mama pudiera estar con nosotros. Abrí la portería, subí en el ascensor, con mi estampa en la mano, y metí la llave para abrir la puerta... "¡Maldita sea! ¡Otra vez han dejado el pestillo puesto! ¿tanto trabajito cuesta dejarlo descorrido para que los demás podamos usar la llave?", pensé. Llamé con una pitada impertinente al timbre porque estaba irritada. Oí los pasos que se acercaban y las vueltas de la llave al otro lado de la puerta mientras miraba a la alfombrilla medio enfadada por este estúpido contratiempo. Se abrió la puerta y levante la cara... ¡y allí estaba mi madre con su maravillosa sonrisa! - y sigo llorando cada vez que recuerdo ese instante mágico. Mama abrazándome, dándome la bienvenida a casa, como siempre, preguntándo cómo me fue el cole, que si tenía hambre... Mi madre en casa... 
     Creo firmemente que Fray Leopoldo en su bondad escuchó mi plegaria y me concedió un deseo lleno de esperanza. No fue una casualidad. No lo fue.
     Mi madre solo pasó con nosotros esa noche y tempranito en la mañana volvió a marcharse al hospital.
     Y esta historia larga tiene un final feliz porque mama es una luchadora donde las haya, con un amor tremendo hacia nosotros que le hizo pelear y derrotar a la enfermedad. Se transplantó, pasó muchos años difíciles y hoy tiene 24 hermosos años. 
     Fray Leopoldo siempre está con nosotros. Y cuando voy a España no dejo de ir a verlo a Granada. ¡La capillita es un lugar tan especial! Y él, en su bondad, sigue ayudando a todo el que lo necesita.
     Este fraile chiquito tiene la mirada más hermosa y la sonrisa más pacífica. La bondad tiene reflejo en sus ojos, lo digo en serio, y si no mirad su carita. 



     Fray Leopoldo nació el día de San Juan, el 24 de Junio de 1864, en un pueblito de Málaga llamado Alpandeire. Venía de una familia campesina y tan sólo curso estudios primarios en la escuela local. UNa vez terminó el servicio militar decidió unirse a la Orden Capuchina. Tras varios destinos, fue trasladado definitivamente a Granada en 1914, donde permaneció hasta el día de su muerte en 1956. Fray Leopoldo fue fraile limosnero y recorría la ciudad a pie solicitando donativos. Se convirtió en un personaje popular y querido por sus consejos o intermediación para todo aquel que así se lo solicitaba. Lo llamaban "el humilde limosnero de las tres Ave Marías" porque eran éstas las oraciones que dedicaba a los que pedían su bendición. Murió el 9 de febrero de 1956 tras una larga enfermedad. Hoy descansa en la iglesia de su convento en Granada.

 



     Mi testimonio no es más que un favor más de los que Fray Leopoldo ha concedido por amor. Hay historias verdaderamente maravillosas, auténticos milagros como el de Ileana Martínez, esposa de Paco Marsó, que se curó cuando ya estaba desahuciada. Y lo más maravilloso es ver cuantísima gente lo veneramos y lo queremos, le damos gracias por su bondad y le seguimos incondicionalmente. 
     Sólo puedo decir que me siento bendecida por tener a Fray Leopoldo en mi vida.





     

8 comentarios:

  1. Precioso y emocionante, que viene a ser lo mismo. Lo expresas muy bien. Vivimos a caballo entre dos mundos, uno real y otro de apariencias. El de fray Leopoldo es el real. El de los curas pederastas, los imanes vengativos, los pastores proféticos y todo el restante ulular de los media, el de apariencias. Lástima que tardemos tantos años, muchas veces toda la vida, y ni eso, en darnos cuenta.
    Y lo que dices de tu hija es muy cierto. Deberíamos avergonzarnos de ese mundo de apariencias y desgracias que le vamos a dejar a nuestros niños.

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  2. ... llego tarde, siempre contrareloj, no tenemos tiempo para nada. Llenamos nuestras vidas ¿de qué? Y esa parte de nosotros espiritual o que nos trasciende o cómo la queramos llamarla la ignoramos.
    Un saludo
    Itsaso

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  3. Que bonita historia con unos cuantos buenos finales! Primero que tu mami esta muy bien que se recupero y segundo la beatificacion de Fray Leopoldo. Gracias por el post pues no lo conocia!

    Un besito muy fuerte!

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  4. TENGO MUCHISIMA FE EN FRAY LEOPOLDO. EN LOS MOMENTOS DIFICILES SIEMPRE ME HA ACOMPAÑADO.SIEMPRE QUE PUEDO VOY A GRANADA A VISITARLO. ME RECONFORTA.

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  5. me gustaria ver fotos de fray leopoldo mas joven, estoy haciendo un albun para mi madre pues ella es muy devota y yo tambien.

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  6. Simplemente decir, que historia tan bonita, Marga, yo también le tengo mucha fe, lo quiero mucho,fui a visitar la cripta en diciembre, fue uno de los días más felices de mi vida y sueño con volver a visitarlo.tenerife

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  7. HOLA SOI DE BARCELONA PERO NACI EN GRANADA QUIERO MUCHO AL HERMANICO FRAI LEOPOLDO LO TENGO EN UN CUADRO EN MI CUARTO CUANDO ME ACUESTO LO MIRO CUANDO AMANECE NO TENGO QUE HABRIR LA VENTANA PUES NO HAI NADA COMO SU MIRADA PARA COMENZAR EL DIA

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  8. María Del Mar: fraileopoldo es k fuistes una persona tan buena cuando va uno alli a verte pienso k el estar alli todos los dias seria felicidad completa te kiero ayudame a kerer a los demas ppues por tanta tension k tengo me siento un poco perdida ayuda a unir a mi familia

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