El día que Harold se marchó de casa, todo se quedó patas arriba... parecía que un huracán había arrasado cada una de las habitaciones... Fue desolador y doloroso ver los restos de mi casa, de mi vida, hecho jirones... Recuerdo que esa tarde evité que Margui lo viera y la mandé con una amiga al circo que convenientemente acababa de llegar a la ciudad...
Me soné los mocos, me sequé las lágrimas, levanté la cabeza y le metí mano al desastre...
Me soné los mocos, me sequé las lágrimas, levanté la cabeza y le metí mano al desastre...
Una de las habitaciones que más bonita quedó fue mi antiguo dormitorio. No estaba dispuesta a dormir sóla en ese cuarto y tampoco quería que Margui sufriera la ausencia de su padre. Como él se había llevado la cama, resolví traerme la de Margui y la que yo tenía en mi cuartito de costura, y ponerlas juntas, así cada una dormiría en su espacio pero pegadizas la una a la otra. Para tapar los agujeros dejados por el cabecero, colgué una lámina que compré cuando Margui nació y lo rematé con un autorretrato que Margui hizo en el cole. Saqué la preciosa colcha que nos regalaron en la boda (menos mal que no se acordaba de ella y no la reclamó!) y sobre ella puse los muñecos que le he comprado y hecho a Margui a lo largo de estos años...
¡Color! Nuestro cuarto desbordaba alegría y había conseguido erradicar la amargura que esas paredes desnudas sudaban... ¡Color! para inundar nuestros corazones y no dejarnos marchitar... ¡Color! que me daba el empuje necesario para seguir adelante y luchar por nuestra libertad...
Este cuarto nos acunó durante un larguísimo año... nos hizo sentir bien... y desde luego me gustaba muchísimo más que el antiguo matrimonial...
¡Color! ¡ Qué venga el color!
El cuarto de Margui quedó convertido en su cuarto de juego ¿Qué niño no es feliz sabiendo que dispone de un espacio dedicado exclusivamente a jugar?... Y de nuevo el color brillante y maravilloso de los juguetes nos ayudó en medio de la pesadilla porque nos daba alegría, fuerza, tranquilidad...



me alegra encontrarte de nuevo. Y del color de una habitación a vivir en tu tierra llena de luz y calor, bss
ResponderEliminarEl color resulta de la ruptura de la luz blanca en pedazos. Es una liberación de la uniformidad, un encuentro (reencuentro) con lo más auténtico de uno mismo y de los que uno quiere. Elegir un color o colores es un ejercicio de libertad interior, ya no necesitas la aprobación de otros, es un grito de alegría, de fe en tu vida. Lo describes muy bien
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