martes, 14 de junio de 2011

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- Las flores que me trae Harold
Desde que estamos juntos, cuando nuestro romance comenzó, allá por enero del 2005 en el West Bank, en Egipto, Harold siempre me regala flores. La primera vez fue al día siguiente de darnos el primer beso en lo alto de la montaña: tenía que ir a Luxor a sacar dinero para pagar a los hombres y Harold me acompañó (eran esos los momentos que teníamos para vernos); apareció con una rosa roja preciosa que había cogido, sin que nadie lo viera, de los jardines de la Chicago House; la traía escondida en su chaqueta y literalmente me derretí de amor y emoción. A partir de entonces, me encontré una flor y una nota todos los días al volver de la excavación... Y cuando nos separamos con el inmenso océano de por medio, me enviaba flores una vez al mes... Luego nos casamos y vinimos a vivir al país de las flores por excelencia, y no hay semana que no aparezca con un ramo de flores para mi. Esta tradición me sigue causando la misma emoción que aquella primera rosa, y aún sonrío como una boba cuando lo veo aparecer por la puerta con el ramo, y el corazón continúa dándome un vuelco...


Dormir con mi Margui
Sé que durante un tiempo me quejé de no poder sacarla de mi cama, pero era más por puro agotamiento y necesidad de dormir que porque me molestara. Mis noches siguen siendo un poco calvario, con la sinfonía de Bethoven de los ronquidos de Harold y una niña que se estira y expande en la cama obligándome a dormir como un espárrago en el mismísimo borde y sin edredón. Gracias a Dios tengo un sofá-cama permanentemente abierto a donde emigro cuando la cosa se pone imposible... Y allí disfruto de los bracitos de mi niña en el cuello, de su carita de paz, de sus ruiditos, de su olor... hemos hecho un trato: durante la semana tiene que dormir en su cama, pero el fin de semana dormimos juntos, a veces con papa incluido y la mayoría sólo con mama. Y si ella no aparece, soy yo la que va y se la trae a la cama. Y sí, me gusta, me vuelve loca dormir con mi jamona hermosa.

Esta foto es de hace un par de años, de ahí la presencia del pipo, pero la carita es la misma cuando duerme.

- Los juguetes de mi niña
Hay veces que pienso en lo bonito que era mi salón antes de que se convirtiera oficialmente en una sala de juegos... Sin embargo, esta tontería se evapora rápido porque, la verdad de las verdades, es que me hace feliz ver los juguetes de mi jamona aquí y allí... Es el reflejo de que tengo lo más bonito del mundo, mi hija; que hemos creado una familia que interactua en el mismo espacio, mezclándose los juguetes de Margui, con mis lanas e hilos, y los libros de Harold; que mi niña despliega su imaginación y fantasía, y juega, y crea, y se ríe, y en definitiva es feliz... No hay nada como ver a Margui y a su papa en medio de bloques de contrucción, playmobils y animales de plástico mientras inventan aventuras.


- Mi horno
No creo que pudiera vivir sin horno, sin el olor tan rico que inunda la casa cuando algo se está haciendo lentamente en su tripa de metal. Mi marido dice que uno de los mayores placeres de volver a casa después de un largo día de clases y estudiantes, es el aroma que se atisba por la escalera y que lo abofetea cuando abre la puerta... Olor a pan, a bizcocho, a pollo asado, a galletas, a lasagna, a cordero con papitas, a cupcakes...

Bizcocho con cobertura de mantequilla y canela. Muy rico para tomar con el cafelito. 

- Coser
A veces me pregunto cómo he podido estar tantos años sin haber tocado una máquina de coser... Supongo que nunca es tarde si la dicha es buena. Y sí, la costura me proporciona muchísima felicidad y desearía haber sabido coser cuando tuve a mi niña para haberle hecho tantas cositas... Bueno, ahora le coso faldas y vestidos, y tengo la oportunidad de regodearme en hacer baberos, mantas, saquitos y gorros para mi preciosa sobrina Valentina y los bebes de amigas que vienen de camino... Y cada vez que toco de máquina siento cerca a mi querida amiga Ayako, de la cual la heredé y a la que echo muchísimo de menos.


4 comentarios:

  1. Te lo he dicho ya alguna vez, pero creo que lascosas bonitas no se hacen pesadas al repetirlas: me encanta tu blog. Durante mi enfermedad me alegraba mucho leerte, me transportabas a mundos de color de rosa, tus narraciones están llenas de ternura y frescor, ahora, gracias a Dios estoy curada, pero sigo leyendote, me sigues proporcionando mucha alegria..a veces me "enfado" contigo porque tardas mucho en poner una nueva entrada...pero la espera siempre merece la pena! Y le voy a decir a mi novio que lea la parte de Harold y las flores, porque me ha dado mucha envidia!! Un beso, de una granadina que te sigue!

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  2. hola !! te sigo desde hace poco tiempo pero tus palabras enganchan , escribes de una manera que quieres seguir leyendo hasta el final , tengo 27 años y me encanta como hablas de tu hija, es tan bonito todo lo que una madre hace por su hija , yo aún no he sido mamá pero no por no querer, estoy malita con la espalda desde hace 7 años y no podría con un embarazo y lo demás ... pero en breve me van a operar y cuento los días para verme recuperada y poder sentir lo que es tener una pitufilla trasteando por casa ... vaya rollo q estoy soltando jejej , a mí tb me dá envidia lo de tu marido, hay pocos que tengan esos detalles, el mío creo q como la mayoría al principio siempre los tienen pero luego se les vá olvidando la ilusión que nos haría que perdurasen esos detalles , pero bueno... un besazo muy grande y gracias por compartir tus palabras

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  3. Querida amiga Marga , estoy dandome un respiro en la locura del taller y me he puesto a leer tu batiburrillo.
    Me reconfortan tus post.Cada dia te admiro mas. Las cosas mas sencillas de la vida son las mas especiales e importantes. El amor a tu familia. El disfrute del hogar y de la creatividad que derrochas en cada actividad que emprendes. Me gustaria muchisimo tenerte un poco mas cerca para poder compartir mas nuestras vidas , pero estoy muy contenta de la cercania de tu blog y el fb.
    Que buen ratito.
    Un beso grande.

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  4. Queridisima Marga, veo las fotos de tu hija y me recuerdan a los mios cuando eran peques, ahora ya tienen 20 y 21, se llevan poquísimo y cuando dormian eran preciosos, ahora lo siguen siendo, pero ya me dicen, jo mama, no seas pesada, jejejeje.
    Me has transportado a otra época que era super feliz, vivia cerca de Rabat, nos tuvimos que ir por trabajo y fueron unos años de experiencia inoldibales y gratísimas. Tesigo desde hace tiempo y me encantas.
    Muchos besitos desde Alicante para toda la familia.

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