La semana pasada tuve que llevar a Margui a que le quitaran su paleta por una infección causada por el tremendo golpe que se dió el verano pasado. En consecuencia, su período de melladura se ha adelantado, dándome la oportunidad de presentarle a uno de los personajes infantiles más especiales y queridos: el Ratón Pérez.
Hasta ahora no había sentido curiosidad por saber los orígenes del Señor Pérez, creo que porque está tan arraigado en el subconsciente que uno se lo toma como algo que es una verdad categórica. Es como si el saber de su existencia fuera innato en el niño y por tanto no cabe preguntar sobre su orígen, más sí sobre dónde vive, cómo encuentra a los niños o qué hace con los dientes.
En mi casa, mis hermanos y yo creíamos ciegamente en el Ratón Pérez, y pasábamos las noches en vela para poder verlo venir, poníamos trampas para obtener una prueba de su paso (bolas de papel e hilos cruzados que tuviera que sortear, plastilina para las huellas de sus patitas, leche y queso para comer...). Y cuando no teníamos el éxito deseado, sólo teníamos que acelerar la caída de otro diente para comenzar de nuevo. Nunca lo llegamos a ver, claro, pero teníamos suficientes pruebas sobre su existencia. Uno de mis mayores tesoros, que guardo con fervoroso cuidado, son dos cartitas que el Ratón Pérez me dejó.
Buscando información, he aprendido que la tradición de un personaje que se lleva el diente es casi universal aunque recibe diferentes formas según la cultura. El Ratón Pérez es de origen español, y fue creado por el padre Coloma para el príncipe Alfonso (futuro rey Alfonso XIII) cuando se le cayó su primer diente de leche. Según el cuento del jesuita, el ratón vivía con su familia en una caja de galletas, en el almacén de la entonces confitería Prast, en el número 8 de la calle Arenal y muy cerca del Palacio Real. A través de las cañerías de la ciudad, el ratón llegaba a las habitaciones del rey Buby (así llamaba la reina Mª Cristina a su hijo) y de otros niños más pobres que habían perdido algún diente. El buen Pérez le enseñó al rey Buby la miseria de los pobres antes de dejarle un regalo debajo de la almohada. Algunos enlaces que merecen la pena sobre el Ratón Pérez:
- - Presentación virtual sobre "El Ratón Pérez y el diente de un rey" del Instituto Cervantes.
- - Cortos sobre el cuento del padre Coloma y otras historias de Pérez en la web de La Casa Museo del Ratón Pérez.
Pero como te lo curras, Marga!!! yo asi tb me dejo caer los dientes...
ResponderEliminaryo lo unico q recuerdo del ratoncito es una vez q me dejo una moneda de chocolate y con el calor se deshizo y me dejó toda la almohada perdida! :-)
Un beso,
Yo también he visto la peli este fin de seman ¡dos veces! mi hija pobreta lleva todo el año soñando con que se le mueve un diente jaja ya le tocará.
ResponderEliminarBesicos sorianos, las cartas una joya:)
Por favor, qué gozada de post y de blog, qué bien documentado, qué bonio el collar, y la sillita nueva....
ResponderEliminarEs una placer total pasar por aquí!!! me entran ganas de volver a poner en marcha un blog de ver las chuladas que haces en el tuyo!!! un beso grande y hoy ya sabes...te toco la canastilla de Santa Genoveva de tu parte y si algún nazareno me da alguna, te envío una estampa!!! muackkkkkkkkkkkkk
Hola Marga! que me ha gustado este post sobre tu niña y el ratón pérez, y sobre todo esa reliquia que guardas de cuando eras peque y la cartita que de te dejó! y que lindo lo que le has hecho a tu niña!
ResponderEliminarpero que bonito verdad?
hemos coincidido en la entrada sobre el ratoncito, estuve hace muy poquito en la calle del arenal, pero a mi niño le entró miedo y no pudimos ver la casita del ratón..:-D
tienes un blog muy lindo♥
saludos!