miércoles, 27 de abril de 2011

Ayako y Kyouko

     Dice una popular canción de mi tierra que "algo se muere en el alma, cuando un amigo se va".  Yo creo que eso es imposible porque un amigo de verdad echa raíces en tu corazón y aunque se marche, se transplante, la amistad que ha crecido sigue ahí, inamovible. Sí es verdad que cuando el amigo se va, se te queda una sensación de vacío que te obliga a reajustarte. Yo sé que mis amigos están donde siempre los tuve, aunque hayamos tenido que buscar nuevas formas de relacionarnos. Añoro las risas y las charlas cara a cara, las idas y las venidas en persona, los encuentros inmediatos. Las circunstancias obligan siempre a buscar nuevas fórmulas así que cambiamos la presencia física por la presencia virtual. Menos mal que existe internet porque si tuviera que estar escribiendo cartas como antaño, que tiene su encanto, pues si que se moriría mucho en mi alma!
     Hace un par de días, mi querida amiga Ayako y su familia regresaron definitivamente a Japón.  Margui ha perdido a su mejor amiga, Kyouko, a la que idolatra y repite hasta la saciedad que es su hermana. Hemos pasado muchos momentos maravillosos juntos, y eso se queda en el corazón. Echo de menos a Naoki, a ese hermoso niño que hacía que me derritiera cada vez que me ponía la manita en la cara o apoyaba su cabeza en el hombro para que le cantara. Echo de menos a Ayako, nuestras charlas sobre proyectos de costura, su serenidad, su alegría. Echo de menos a Kyouko, con su vitalidad, su  eterna pregunta "Wat is dat?", su abrazos y, sobre todo, verla jugar con Margui. 

 

     Las dos niñas han afrontado la separación con mucha dignidad y mucho mejor que nosotras las mamas. Margui sabía que Kyouko se marchaba así que ha estado dedicada a ella en cuerpo y alma, tanto que apenas dejaba que ningún otro niño jugara con su amiga. Cada día, después de la guarde, teníamos el episodio de llorar y repetir lo mucho que quería a Kyouko y lo mucho que la echaría de menos. LLegados al día D, se abrazaron largo, se besaron, y se dijeron adiós mientras Margui le gritaba "te quiero!".  Ahora mi jamona repite por la noche, después de rezar: "mi deseo, mi sueño es que Kyouko vuelva"... Se me parte el corazón porque hubiera sido maravilloso que hubieran crecido juntas. Sé que tanto Ayako como yo haremos lo imposible para que nuestras hijas permanezcan en contacto.


     Para que la separación fuera más llevadera para Margui y para Kyouko, les hice unas muñequitas de trapo con sus caras, para que puedan seguir jugando juntas. Las muñecas viven juntas en una casita de colores con flores. Creo que a ambas les encantó el regalito. Margui duerme todas las noches con sus muñecas, las hace hablar, se dan besos y duermen bajo el cuello de mi niña.



     Así es la vida, unos van y otros vuelven, y en el alma se quedan los que echaron buenas raíces de amistad. 
     Ojalá Ayako y su familia sean muy felices en su nuevo destino, Osaka.


4 comentarios:

  1. Que manos y que corazon tan grande tienes!

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  2. que idea tan tierna y bonita!!

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  3. que dos niñas mas guapas! te quedo la casita preciosa!

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  4. que bonito!!! yo tambien me paso ultimamente despidiendome de la gente, no se cada vez se me hace mas duro. me ha encantado las muñequitas

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