Los viajes, sean relámpagos o un poco más calmados, siempre acaban por hacerme desear volver a casa. Con todo lo que he viajado en mi vida, no ha habido una sola vez que haya dicho “Aish! Me quedaría aquí de mil amores”. Nunca jamás.
Escribo desde el aeropuerto de Basilea mientras esperamos para coger nuestro avión que nos lleve de vuelta a casa, a nuestro paraíso propio.
A mí siempre me gustó viajar. De hecho, siempre pensé que ser azafata de vuelo era el mejor trabajo del mundo porque te permitía conocer diferentes lugares y gratis. Ahora estoy aburrida de viajar, cada vez me apetece menos todo el rollo de empaquetar, hacer la cola de facturación, pasar el control de seguridad, pasar unas cuantas horas encapsulada y en un espacio tan reducido que las piernas te duelen a los 10 minutos... La recompensa siempre parece que está a la vuelta de la esquina, pero no la verdad es que todo el proceso hasta llegar a destino es eterno.
A mí siempre me gustó viajar. De hecho, siempre pensé que ser azafata de vuelo era el mejor trabajo del mundo porque te permitía conocer diferentes lugares y gratis. Ahora estoy aburrida de viajar, cada vez me apetece menos todo el rollo de empaquetar, hacer la cola de facturación, pasar el control de seguridad, pasar unas cuantas horas encapsulada y en un espacio tan reducido que las piernas te duelen a los 10 minutos... La recompensa siempre parece que está a la vuelta de la esquina, pero no la verdad es que todo el proceso hasta llegar a destino es eterno.
Desde hace unos años deseo fervientemente que alguien invente la teletransportación. Sería maravilloso estar donde uno quiere en cuestión de segundos! Aunque supongo que en contrapartida nos iríamos deteriorando o volviendo más locos cuanto más nos desintegráramos y recompusiéramos… Claro, la otra opción, que no me importa lo más mínimo, sería que me tocara la lotería y pudiera viajar en Business o incluso en Primera. Ay! Eso sería una gozada tan grande que ni siquiera puedo imaginarlo! Cuando he estado en USA, por estudios o de visita, siempre he rezado porque hubiera overbooking y me pidieran dejar mi billete a alguien con prisas a cambio de ponerme en el siguiente vuelo en Primera y darme una compensación económica por las molestias. Nunca me ha ocurrido, aunque sé de gente que lo ha disfrutado: ocho horitas de vuelo en una de esos asientos-cama con tele propia, comida y bebida mejor que el de la chusma de clase económica, revistas y periódicos, y un neceser con todo lo que pueda necesitar para mi aseo y bien personal (esto es una de las cosas que más codicio, y hay veces que tengo la fortuna de poder hacerme con él cuando nos bajamos del avión y la azafata no mira).
¡En fin, que hasta que nos toque la loto o haya teletransportación, seguiremos viajando como borregos enlatados!
La vuelta a casa siempre es maravillosa. Cuando aún vivía en Sevilla, y cuando ahora vuelvo de tanto en tanto, me producía una felicidad enorme el bofetón de sensaciones al entrar en casa. El olor de la comida de mama, los animales saludando, las luces, la sensación de estar en casa, mi casa… Y lo mejor de todo, el olor de las sábanas de mi cama. Qué sensación tan increíble el meterme en mi cama, con mi almohada, sentir el peso de las mantas, y aspirar el aroma que desprenden esas sábanas… ese olor que no es más que el sudor del hogar. Maravilloso. Y ahora que tengo mi propia casa, la sensación es similar pero diferente, supongo que porque cada hogar tiene asociado su propio ramito de sensaciones que son únicos e intransferibles. Cuando llegamos a casa, como ayer, me da gusto ver de nuevo los juguetes invadiendo el espacio, mi cocina caótica y viva, mi sofa que me absorbe cuando me acurruco con mi jamoncilla…
Sí, volver a casa siempre es maravilloso y no hay ningún lugar en el mundo, por estupendo que sea, como mis dos casas, la que he creado con mi familia y la que me crió a mí y a mis hermanos.
*Pd.: Sé que voy muy atrasada con el pobre Batiburrillo pero es que llevo una rachita buena de hacer maletas, desempaquetar y lavar, y volver a hacer maletas, desempaquetar y lavar... y en cinto días de nuevo a hacer maletas... Pero antes de coger el siguiente avión para volver a casa como El Almendro, me pongo las pilas y publico las fotos acumuladas de pasteles y manualidades... Lo prometido es deuda.
*Pd.: Sé que voy muy atrasada con el pobre Batiburrillo pero es que llevo una rachita buena de hacer maletas, desempaquetar y lavar, y volver a hacer maletas, desempaquetar y lavar... y en cinto días de nuevo a hacer maletas... Pero antes de coger el siguiente avión para volver a casa como El Almendro, me pongo las pilas y publico las fotos acumuladas de pasteles y manualidades... Lo prometido es deuda.




Esos chistes de Forges... ¡absolutamente geniales! Yo estoy iniciando un viaje maratónico y me lo voy a tomar con más guasa gracias a tí.
ResponderEliminarBienvenida y gracias por Forges son buenísimos jaja
ResponderEliminarBesicos sorianos.
Sólo decirte que a mi me encanta viajar, que he estado en más de 20 países, pero siempre por placer y supongo que eso cambia las cosas. Lo que si es cierto es el placer que se siente al regresar a casa, en eso coincido totalmente.
ResponderEliminarPor último darte las gracias por visitar mi blog, creo que a pesar de haber escrito mal el nombre, llevo poco tiempo con el, jajajaj, lograte llegar y eso es de agradecer.
Muchos besos desde la bella y fría Galicia.
Y por si quieres visitarme de nuevo te lo dejo bien, espero, jajaja.
www.cocinandosetas.com
Feliz Navidad.