martes, 10 de agosto de 2010

Mi madre y las bolitas de nata

     Si tuviera que recitar las manjares que le gustan a mi madre, lo tengo claro: alcauciles con papas como se los guisa la tata Rosa; chirimoyas (creo que es la única persona que conozco que come esta cosa tan rara!); manitas ce cerdo, como las del bar Aurelio; chuletitas de cordero, cuanto más pequeñitas mejor; cocochas, aunque a veces le sientan como "tres patás"; mollejas guisadas; cualquier guiso como las lentejas (está orgullosa de ellas), los garbanzos (a mi me encantan en blanco), papas (siempre me las guisa con chocos cuando vuelvo a casa); su gazpacho, aunque acepta también el de los demás... Sus hijos nunca hemos compartido su gusto por las rarezas culinarias como las manitas de cerdo, la mollejas, los alcauciles o las chirimoyas. No, no, no, todo para ella! Sin embargo, sí consiguió que nos gustara, y mucho la lengua de ternera. ¡Y es que mama la cocinaba de miedo! Un buen día, mi madre nos sirvió unos filetitos riquísimos y blanditos. Nos los comimos rápido y sin rechistar. Mi madre nos preguntó si sabíamos qué habíamos comido, y le contestamos simplemente que carne -qué si no!; entonces ella nos reveló al verdad: lengua de ternera... Nuestras cabecitas se pusieron inmediatamente a analizar esa cosa que nos había obligado a comer, y encontramos muchas rarezas que no habíamos prestado suficiente atención. "PUAAAAAAJ", dijimos al unísino. "De puaj nada, que si no os hubiera gustado no os la habrías comido tan rápido; además, hay que saber siempre lo que se come". Bueno, sí, es verdad, gustar nos había gustado así que no podíamos decir "puaj" tan a la ligera. Además, ¡qué chulo quedaba decir en el cole que comíamos lengua!
     Bueno a lo que voy que me disperso como siempre... A mi madre le gustan muchas cosas, pero lo que más la vuelve loca son las bolitas de nata. La puedo ver ahora mismo, con esa sonrisita infantil de gula, relamiéndose la nata, con la boca llena del azúcar glass y diciendo "es que están de pecado!". Cuando estoy en Sevilla, si tengo oportunidad, se las compro porque me encanta verla feliz cuando las come. No sé cómo explicarlo, pero es como sie mama se transformara en una niña con su golosina, contenta y feliz mientras disfruta con calma de las bolitas.



     Mis queridas amigas Elena y Michelle me regalaron por mi 30+10 cumpleaños un libro de recetas precioso, "Recetas de Familia", de Marili Fernandez de Bobadilla. Esta señora ha resultado ser la madre de Ignacio, un buen amigo de Elena y con quien compartí buenos ratos de risas cuando éramos jovencitos, así que me hace doble ilusión. Los hijos de Marili querían tener todas las recetas que su madre les cocinaba y así surgió la idea de recopilarlas en un libro; además, la mayoría de estas recetas tiene una historia, lo que las hace aún más especiales. Y es que Marili tuvo una vida muy aventurera e interesante, vivió en muchos países, hizo trabajos muy variados y conoció gente muy atractiva. Su padre  le dió el mismo consejo que mi padre nos ha repetido a mi y a mis hermanos: Sevilla es pequeña (en el caso de Marili es Jerez), y el mundo muy, muy grande; hay que estar abierto a salir a recorrerlo, explorar, aprender y entender. Quizás por eso mi padre vive ahora la mitad del año en Chile, mi hermana en USA y yo en Holanda...
     La primera receta qué vi al abrir el libro fue, precisamente, "Petit Choux". ¡Me acordé mucho de mi vieja! No sé porqué nunca los había hecho porque son facilísimos, rápidos y riquísimos. Y además, son muy versátiles porque se pueden rellenar con una crema tanto dulce como salada. Me puse manos a la obra y al poco tenía dos docenas de bolitas con nata de las que a mama le gustan. Aquí está la receta y algunos links con instrucciones visuales y alternativas para el relleno y la presentación.
    ¡Por ti mama! En cuanto esté de nuevo en Sevilla pegadita a tus faldas, te hago todas las bolitas que quieras... Mientras, aquí te trae Margui las primeras bolitas virtuales:


BOLITAS DE NATA
(Cocina de Familia, M. Fernández de Bobadilla)

60 gr de mantequilla
60 gr de agua
60 gr de harina
2 huevos
nata
2 cucharadas de azúcar
azúcar glass para espolvorear las bolitas

- Precalentar el horno a 180º
- Poner el agua y la mantequilla a calentar y cuando hierva, echar la harina de un golpe. Mover enérgicamente con una cuchara de madera hasta que la masa se despegue y se haga como una bola. Apartar del fuego, mover un poco y dejar enfriar. Yo la puse en un plato para que se templara más rápido.
- Una vez fría (con que no esté muy caliente es suficiente), se le añaden los huevos, uno por uno, sin incorporar el siguiente hasta que la masa haya absorvido totalmente el primero. 
- En una bandeja de horno engrasada o con un papel de hornear, se van poniendo pegotitos del tamaño de una cereza y separados unos 2 cm cada uno, para que no se toquen cuando crezcan. Yo usé la manga pastelera con la boquilla grande. 
- Meter en el horno entre 17 y 20 minutos. No abrir el horno antes o se bajará la masa. Sacar las bolitas cuando estén doraditas y dejar enfriar completamente antes de rellenarlos.
- Montar la nata con el azúcar. Para hacerlo más fácil y rápido, usar un bote de nata montada.
- Hacer un cortecito en la bolita y meter la boquilla de la manga pastelera con la nata/bote de nata, y rellenar. Espolvorear con azúcar glass.
- Aunque la tentación de comerlas inmediatamente es grande, merece la pena esperar un poco y enfriarlas en la nevera.






* Si se hacen churros alargados, salen cañitas o lo que en mi tierra llamamos "petisú". 
* Se pueden rellenar con crema pastelera, crema de chocolate, crema de mascarpone y fruta, crema de roquefort, de jamón, de sobrasada... Las posibilidades son infinitas.
* Se pueden hacer con antelación e incluso congelar.
* Links que merece la pena mirar:






2 comentarios:

  1. Me han encantado el post y la receta. Yo conocí a un tipejo que en vez de alimentar a sus hijos con lo que a él le gustaba, como hacía tu madre, los usaba como animales experimentales, o casi. El tipejo en cuestión estaba obsesionado con las historias que leía de navegantes solitarios, que eran para él como las novelas caballerescas para don Quijote. Casi todos sus héroes eran británicos y se alimentaban en la mar, básicamente, de corned beef. Pero a él, por más que lo intentaba, el corned beef le parecía repugnante. En sus intentos por encontrar alguna forma de corned beef comible, un día preparó una combinación maléfica, muy británica por cierto, que era una mezcla de baked beans y corned beef con algo de salsa Worcester. La llamó CB3 (el tipejo en cuestión tenía pretensiones de científico) y se la dio a probar a sus hijos. No me atrevo a contar lo que pasó después.

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  2. Pero que guapa la nieta! A tu madre se le ha tenido que caer la baba!!! A mi hija Megan le encantaran proque le vuelve loca la nata asi que nada haremos las bolitas de nata por aqui tambien :)

    Un besazo

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