lunes, 19 de abril de 2010

Calcetines


     La primera manualidad que me lancé a hacer fue un monito hecho con un par de calcetines. Quería que Margui tuviera un muñeco hecho por mí para que la acompañara durante su vida y le expresara cuantísimo la quiero. Así nació Moni! Margui duerme con ella todas las noches, la sienta  a comer los "ricos" platos que le prepara en su cocinita, la besa, la arrastra, la lanza por los aires... La pobre Moni ha necesitado ya algo de cirugía porque tuvo una herida en la cola... Pero claro, es que no para quieta!



     Me aficioné a esto de hacer animales con calcetines así que me compré un par de libro indispensables: Sock and Glove: Creating Charming Softy Friends from Cast-Off Socks and Gloves y Happy Gloves: Charming Softy Friends Made from Colorful Gloves, ambos de Miyako Kanamori. Desde entonces, han nacido unos cuantos monos (la más especial es perla L'Amour, que se fue a Sevilla para estar con mi abuela), un perrito como Paco que se fue a Lynchburg para estar con mi hermana, una gatita viajera para acompañar a mi amiga Tasha... Son tan fáciles de hacer y tan divertidos! Yo compro calcetines en el mercado o en tiendas baratas (de momento no me veo gastando 15 euros en un par de calcetines para un muñeco cuando no lo hago ni para mí!), y los guantes cuando están de liquidación. Compro siempre que veo algo que me guste por el color, así que tengo una buena colección (y a veces incluso me sacan de un apuro cuando necesito unos calcetines decentes para mí!).


  El primer tutorial que seguí, y que es el que más me gusta, es de  Kristine Michelle Howard . Hay mucho más en internet y es fácil localizarlos. Sólo hay que poner en google "sock Monkey tutorial".
     Para terminar hoy, esta maravillosa oda a los calcetines, de Pablo Neruda:

Me trajo Mara Mori
un par de calcetines,
que tejió con sus manos de pastora,
dos calcetines suaves como liebres.
En ellos metí los pies
como en dos estuches
tejidos con hebras del
crepúsculo y pellejos de ovejas.
Violentos calcetines,
mis pies fueron dos pescados de lana,
dos largos tiburones
de azul ultramarino
atravesados por una trenza de oro,
dos gigantescos mirlos,
dos cañones;
mis pies fueron honrados de este modo
por estos celestiales calcetines.
Eran tan hermosos que por primera vez
mis pies me parecieron inaceptables,
como dos decrépitos bomberos,
bomberos indignos de aquel fuego bordado,
de aquellos luminosos calcetines.
Sin embargo, resistí la tentación
aguda de guardarlos como los colegiales
preservan las luciénagas,
como los eruditos coleccionan
documentos sagrados,
resistí el impulso furioso de ponerlas
en una jaula de oro y darles cada
día alpiste y pulpa de melón rosado.
Como descubridores que en la selva
entregan el rarísimo venado verde
al asador y se lo comen con remordimiento,
estiré los pies y me enfundé
los bellos calcetines, y luego los zapatos.
Y es esta la moral de mi Oda:
Dos veces es belleza la belleza,
y lo que es bueno es doblemente bueno,
cuando se trata de dos calcetines
de lana en el invierno


("Oda a los calcetinesde Pablo Neruda)

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